Desde hace algún tiempo
tengo contacto con un hombre por Internet, nos hemos hecho buenos
amigos, buenos confidentes y porqué no decirlo, en cierto modo,
buenos amantes, nunca nos lo propusimos pero nuestras conversaciones
subían de tono sin poder evitarlo. Hemos estado cerca de seis meses
enviándonos correos continuamente y llamándonos casi a diario, hasta
que, por casualidades del azar, nuestras respectivas empresas nos
enviaron a unas conferencias a Madrid durante dos días, dos días
que, por supuesto, no íbamos a desperdiciar para conocernos.
Arreglamos las cosas de
manera que dormiríamos en el mismo hotel, era un hotel muy pequeño
apartado del lugar de la conferencia, aunque no ocurriera nada entre
nosotros preferíamos ser discretos y no encontrarnos con nadie
conocido. Él es un hombre casado, veinte años mayor que yo,
aparentemente serio, responsable, siempre cumpliendo con sus
obligaciones y sin nada que se apartara de su vida familiar… pero no
todo es así en su vida, es morboso, le gustaba el riesgo, le gusta
vivir con intensidad el sexo y por suerte o por desgracia, nuestras
vidas se habían entrelazado mucho gracias al mundo de Internet. Yo
iba muy nerviosa, con mis veintidós años nunca me había arriesgado a
encontrarme con un hombre de su edad, iba en el tren pensando en que
pasaría durante esos dos días, en si me atrevería a llegar más allá
con él de una amistad, si no le gustaría cuando me viera y en mil
cosas más que pasaban por mi cabeza.
Llegué al hotel a las
seis de la tarde la conferencia no comenzaba hasta el día siguiente,
sabía que él no llegaría al menos hasta las ocho, así que dejé mis
cosas en la habitación, me di una ducha y bajé a la pequeña
cafetería que tenía el hotel, solo había tres personas aparte de mi,
así que cogí un libro y me senté en un rincón muy acogedor a leer.
Me metí en la lectura tratando de evitar mis nervios, pasada una
hora seguía allí cuando el camarero se acercó y me dio una nota, en
ella ponía que me esperaba en el restaurante de enfrente a las
nueve, firmaba Fernando. Apenas tenía una hora para prepararme,
quería sorprenderle, verme bien, no decepcionarle cuando me viera.
Recogí mi pelo dejando
unos mechones libres sobre mi cara, elegí un vestido negro, llegaba
hasta la rodilla, tenía una amplia raja que dejaba ver mi pierna
izquierda y con ciertos movimientos, dejaba ver las ligas de mis
medias negras, el escote a barco, dejando ver mis hombros y mi
cuello, la espalda era completamente descubierta, tan solo había
unas tiras que cruzaban para que el vestido se sujetara en su sitio,
me puse unos zapatos de gran tacón de aguja y punta fina negros, por
dentro… no llevaba nada, no podía usar sujetador con ese vestido y
el tanga que había preparado decidí no ponérmelo y guardarlo en mi
cartera de mano para darle más emoción a lo que podría ocurrir.
Sabía que le iba a gustar así, a veces le había descrito ropa
similar y le encantaba. Elegí cuidadosa y discretamente mi
maquillaje, quería ir natural, me perfumé y me puse un abrigo gris
en contraste con mi vestido.
Salí del hotel puntual,
crucé la calle y me dirigí al lugar señalado. Entré, alguien recogió
mi abrigo y preguntó mi nombre, cuando se lo dije me pidió que le
acompañara, me llevó hasta la mesa donde estaba él, tan apuesto como
lo imaginaba, llevaba un traje oscuro y corbata, mirándome con una
sonrisa, se levantó y me besó en la mejilla, sentí el olor de su
cuerpo, me gustó… nos sentamos, pidió una botella de vino y cuando
el camarero se fue me dijo que estaba preciosa, que había deseado
mucho que este momento llegara. Yo poco a poco me fui relajando,
charlamos mientras cenábamos de cosas sin importancia, tratando de
conocernos aún más de lo que ya nos conocíamos hasta que al igual
que en nuestros e-mails la conversación fue subiendo de tono, estaba
sentado a mi lado y de pronto sentí su mano sobre mi pierna, sonreí
como invitándole a que siguiera, él sabía que me daba mucho morbo
esa situación en un lugar público, fue subiendo poco a poco metiendo
la mano por la raja de mi vestido, subiendo lentamente hasta que
llegó al fin de mi muslo y notó que no llevaba nada. Yo que ya
estaba muy excitada, no hice más que abrir mi cartera y mostrarle su
interior, entonces vio mi tanga allí metido y me miró con unos ojos
que indicaban que quería devorarme allí mismo. En ese momento
apareció el camarero para retirar los platos, se dio cuenta de que
ocurría algo, se nos notaba en la cara, se fue y Fernando me
preguntó si quería jugar, le dije que sí, que no había llegado hasta
allí para nada.
Cuando el camarero
volvió para preguntarnos que queríamos de postre, Fernando había
abierto mi cartera, dejando ver por un extremo el tanga, el camarero
lo vio, trató de disimular, pero cuando me miró a la cara para tomar
nota de lo que yo quería yo tenía mi dedo corazón entre mis labios,
apenas había metido la punta del dedo, con los labios entreabiertos
pasaba la lengua por él, le miré a los ojos y bajé mi mirada a su
entrepierna, entonces inocentemente saqué el dedo de mi boca y le
dije que me trajera lo más exótico que hubiera en la carta. Lo había
excitado, el camarero se fue con una erección impresionante, se le
notaba a la legua y Fernando estaba aún más excitado puesto que yo
me había quitado el zapato de mi pie derecho y cruzando las piernas,
ya que él estaba a mi lado izquierdo, tenía acceso directo para
sobar su paquete sobre el pantalón. Cuando el camarero se acercaba
con el postre Fernando cogió mi pie bajo la mesa, lo comenzó a
acariciar, yo sentí que mi piel se erizaba y que mis pezones se
habían puesto de punta, me di cuenta que estaba sin sujetador y que
se notaban a través del vestido, porque los dos miraban
descaradamente mis pechos. Tomamos el postre disfrutando de ese
momento y riendo por como lo estábamos pasando con ese juego,
subimos al piso superior a tomar una copa y continuar esa agradable
sobremesa.
Mientras subíamos por
las escaleras sentía la mirada fija de Fernando sobre mi cuerpo, se
detuvo de repente y me besó en la boca, por primera vez sentí esos
labios cálidos con los que tantas veces me había excitado, fue un
beso intenso, lleno de pasión, arriesgado por el lugar donde
estábamos, pero encantador y que me había dejado paralizada.
Llegamos a arriba, solo había tres parejas aparte de nosotros, no
era un lugar muy frecuentado, ya que la gente después de cenar allí
solía ir a otros sitios. Nos fuimos hacia un rincón, a una especie
sofá bajo, con una mesa pequeña de café, estaba poco iluminado.
Llamamos al camarero que para nuestra sorpresa era el mismo que
durante la cena, al vernos él también se sorprendió y pudimos ver
como su bulto creció con rapidez delante de nosotros, le pedimos
unas copas y se fue, yo crucé la pierna y al hacerlo se me veía la
liga de la media de la pierna izquierda, iba a tirar del vestido y
Fernando me detuvo y me dijo que lo dejara así, que le excitaba ver
eso y que seguro que al camarero le gustaría también, le hice caso,
le besé en los labios mientras el camarero ponía las bebidas sobre
la mesa, Fernando introdujo la mano bajo mi falda, el camarero se
había quedado allí delante mirándonos, parado de pie, sin hacer
nada… yo estaba muy mojada, su atenta mirada y las caricias de
Fernando me habían puesto a mil, me separé de él y miré al camarero,
que se ruborizó y se fue sin decir palabra. Estábamos en un lugar en
el que apenas nos veía nadie y mientras charlábamos nos
acariciábamos discretamente, poco a poco nos quedamos solos con el
camarero, el resto de gente se había ido y Fernando me preguntó si
quería seguir el juego, le contesté que sí…
Llamó al camarero para
que nos trajera una copa y cuando vino hacia nosotros Fernando había
metido completamente la mano entre mis piernas, me las separó, metió
un dedo y lo sacó, diciéndole al atónito camarero que estaba
chorreando, tras esto le preguntó si quería ver lo mojada que
estaba, él no contestó pero no se movió de allí y Fernando levantó
mi vestido mientras abría mis piernas dejando al descubierto mi coño
perfectamente depilado con una línea de vello en medio, estaba
brillante por los flujos que emanaban de él. El camarero comenzó a
sobar su entrepierna por encima del pantalón y yo hice lo mismo
posando mi mano sobre la entrepierna de Fernando, nos pusimos en pie
y cuando le pedimos la cuenta nos dijo que estábamos invitados, fue
a por mi abrigo y me ayudó a ponérmelo, al hacerlo cogí su mano y la
puse sobre mi pecho, giré la cabeza hacia atrás, le di un beso en la
mejilla y le dije que lo sentía, pero esa noche solo iba a ser del
hombre que me acompañaba, nunca había sido suya y deseaba con todas
mis fuerzas serlo.
Entramos al hotel,
pedimos sendas llaves y yo bromeé con él diciéndole que ahora nos
iríamos cada uno a su habitación. Me metió en el ascensor y con la
brusquedad de la pasión desesperada que llevaba conteniendo, comenzó
a besarme y tocarme como un loco, fuimos hacia mi habitación que era
la más cercana, me tiró sobre la cama con fuerza mientras quitaba mi
vestido y besaba mi cuello, mis tetas… iba bajando con fuerza y
dulzura a la vez recorriendo cada rincón de mi cuerpo hasta llegar a
mi sexo, lo comenzó a lamer, lo recorrió con la lengua desde una
punta a otra, se detuvo sobre mi clítoris, lo mordió, lo besó, lo
lamió… mientras tanto tenía dos dedos dentro de mi vagina, me hacía
estremecerme hasta que en cuestión de segundos me hizo sentir un
orgasmo inmenso… tras esto fui yo quien comenzó a desnudarle, muy
lentamente, quería hacerle sentir lo que sus palabras me hacían
sentir a mi detrás de la pantalla del ordenador, quería transmitirle
esa pasión lenta que me estremecía poco a poco en cada uno de sus e-mails,
una pasión que me encendía despacio pero de una forma intensa…
Le desnudé por completo,
se tumbó sobre la cama y yo sobre él poco a poco empecé besando su
boca, sus orejas, su cuello, sus pezones… sentía como se estremecía,
como jadeaba cada vez con más fuerza… sentí por primera vez el
contacto de su pene con mi mano, era grande, suave… sobretodo
durante esa noche, era mío… lo miré, después miré sus ojos y vi como
su mirada me quería decir que lo devorara ya, lo metí en mi boca y
comencé a lamerlo primero despacio, suave… luego comencé a forzar
mis labios sobre su glande, mientras con mis manos subía y bajaba
por su tronco cada vez con más rapidez, sentía como poco a poco se
tensaba más aún, en ese momento paré volvía a besar sus labios y me
senté a horcajadas sobre él, introduciendo su pene en mi coño, que
estaba deseando sentir ese miembro, quería sentirlo dentro de mi,
sentir su carne con la mía, sentirme suya, empecé a cabalgar sobre
él, las sensaciones de mi cuerpo variaban, sentía el cielo, el
triunfo… se incorporó y me dio la vuelta, poniéndose sobre mi,
abrazándome, penetrándome cada vez más fuerte, de vez en cuando
besaba mis labios, agarraba mis pechos, en ese momento de placer
recordé algo que él me había contado, le gustaba sentir un dedo en
su ano mientras se masturbaba, así que decidí que ese día lo tendría
haciendo el amor y no masturbándose, cuando introduje el dedo mi
excitación creció al ver la situación y rompí en un orgasmo, su gozo
fue tan intenso que estalló inundándome de su semen.
Como podréis imaginar
aquellas conferencias fueron muy poco productivas para nuestro
trabajo, pero para nosotros fueron las conferencias más interesantes
a las que jamás hayamos asistido.
Ariadnna.